Porque somos un mismo tejido...
Mucho es lo que se dice con relación a la maternidad. En estos tiempos modernos, donde las tradiciones han sido superadas por la vida light (todo más rápido, buscar lo cómodo y profundizar menos…) esta palabra que involucra toda una vocación y propósito de vida va desapareciendo poco a poco de la lista de deseos de las nuevas generaciones.
Así que la opción de ser madre se va tornando cada vez en una decisión que exige mayor valentía.
Todos hemos vivido la maternidad desde la otra orilla: siendo hijos e hijas. Desde ahí nos queda más fácil comprender que se trata de un rol que dura toda la vida y que esa criatura que se trae al mundo hereda muchos rasgos no solo físicos, sino también emocionales e incluso espirituales. Gran parte de esas herencias podrán mantenerse en el inconsciente y desde ahí, los hijos y las hijas estaremos supeditados a creencias y a otras informaciones que no saltarán a primera vista pero que tendrán su influencia en el presente y en el futuro.
Bien pudimos recoger el testimonio de la psicóloga Natalia Aristizábal Henao que aparece en nuestra publicación “Tejiendo vidas: parteras, ancestralidad y salud” y del que compartimos la primera parte:
“¿Alguien te ha contado sobre ese mundo emocional y espiritual que empezó a configurar tu historia desde que empezaste a habitar el vientre de tu madre?... ¿Te has detenido a pensar en ello? Creo que la mayoría de nosotros no.
El 26 de abril de 2025 fue un día para ello. Eran las 11:10 a. m. cuando Carmen y yo llegamos al consultorio de la psicóloga Natalia Aristizábal Henao. Desde que nos saludamos, percibí un ambiente acogedor. Al ingresar, la imponencia de la única torre que tiene el templo de San José de El Poblado —ese cuadro que era imposible no armar si mirabas por la ventana—, nos cautivó durante los primeros minutos. Una especie de vaticinio que anunciaba el tono espiritual y trascendente que marcaría esta entrevista.

Natalia es Especialista en Salud Mental del niño y del adolescente, y Magíster en Salud Pública. Es una profesional muy inquieta con los temas de salud mental materna y salud perinatal. Una parte de su labor consiste en acompañar madres durante el embarazo y en la fase puerperal (el posparto).
Además de la colección de libros que la inspiran y guían para tomar las mejores decisiones en su diaria labor, la vela encendida, una matrioska, el tambor Lakota* y la imagen de San Miguel Arcángel, enriquecieron todavía más el escenario místico que nos rodeaba.
Adentrarnos en el tema fue fácil, pero más que eso, algo natural. Una de sus aseveraciones nos condujo a otro nivel: “necesitamos enfoques integradores en la vida que nos permitan sanar, y que tengan una mirada perinatal”. Yo me quedé pensando en esa última acotación. ¡Mirada perinatal?... ¿Qué quería decir con esto?, ¿cuál era el trasfondo de este concepto?
Al preguntárselo, precisó que se trata de todas esas perspectivas presentes en la vida de un ser humano desde que está en el rango de parto a término que va de las treinta y siete a las cuarenta y una semanas de su gestación e, incluso, desde antes. Se trata de una mirada que abarca todo el curso de la vida, incluyendo los traumas que se transmiten de generación en generación, la forma cómo se prepara la familia para recibir a ese bebé, los genes y hasta los sentimientos de la madre. Es una mirada que más allá de lo espiritual que suena, compromete asuntos de salud pública, puesto que implica esas determinantes sociales, los múltiples aspectos referidos a las condiciones en que cada bebé es pensado, deseado, concebido; entre muchos otros factores…
Su análisis me fue internando en el misterio, en la trascendencia de la maternidad. Poco a poco, yo misma me descubrí tejiendo mis propios sentires a merced de esas frases contundentes que Natalia nos iba compartiendo: “el vientre materno es la primera escuela”, “el acto de acompañar a la madre gestante ─sobre todo al momento de dar a luz─, consiste en un acto de presencia muy sutil, en estar ahí, en una esquina, muy atenta cuando la parturienta me necesita”…
Por: Gloria García T.
*Tambor Lakota: instrumento sagrado de la cultura Lakota, empleado en reuniones y ceremonias.
Fuente: Tejiendo vidas: parteras, ancestralidad y salud. Letras, Colores y Vidas, 2025, páginas 76 a 78.



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