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Las bibliotecas y los museos:  Lugares especiales…

26 may
2 min de lectura






Toda mi vida, hasta hoy, he habitado en la ciudad.


Esto determina una visión de la urbe como un espacio de oportunidades y de mayor probabilidad de progreso, aunado a situaciones paradójicas como la contaminación visual y auditiva, y a un ritmo de vida vertiginoso, con agendas robustecidas y pocos espacios para el autoencuentro.


Para algunos ha de ser incomprensible hablar del encuentro consigo mismo(a) en medio de un entorno “que lo tiene todo y lo ofrece todo”.


Yo me siento privilegiada al saberme buscadora de espacios silenciosos, espacios donde el afán se detiene y en los que es posible asombrarse gracias a la contemplación, la lectura, y en ciertos casos, la interacción.


Aparecen en escena las bibliotecas con sus colecciones de libros y de materiales audiovisuales.  Ellas, como lugares para llegar desinhibidamente y dejarse conquistar por voces contemporáneas o antiguas (Quintana, Poniatowska, Allende, García Márquez, Cavafis y ¡cuántos más!).  Asimismo, por las hipótesis y los conceptos científicos dispuestos en los libros académicos…


Y en medio de la lectura de esas voces y conceptos, en medio de esa calma privilegiada, lo más seguro es que suceda el milagro de la cercanía con la propia voz, con eso que cada uno de nosotros lleva adentro y que a veces pide organización, reconocimiento y escucha.


Ese mismo silencio revelador lo he vivenciado al interior de los museos, lugares cerrados en su mayoría (y algunos pocos que son al aire libre) diseñados para albergar la historia y las obras de arte.


Entonces, cierro mis ojos y allí están:  pinturas, fotografías, grafitis, objetos artísticos y decorativos, afiches, enciclopedias, libros y esculturas que hablan de eso importante que va dejando el tiempo que ya pasó, eso que hombres y mujeres de diferentes momentos de la historia han planteado y descubierto en medio del dolor, de la revelación y de la experiencia misma de vivir…


Medellín permite estos encuentros gracias a sus casi treinta museos en espacios cerrados, a las veintiséis bibliotecas del Sistema de Bibliotecas Públicas, sin contar las bibliotecas de las instituciones educativas de educación básica y superior.  Queda en el tintero la situación de los museos al aire libre, pues allí lograr el silencio es bastante retador en la mayoría de las ocasiones. 


En fin, todos ellos son lugares dispuestos para conectar con diferentes gustos y búsquedas…


Ahí está la ciudad con semejante banquete a disposición y donde cada uno podrá hacer sus búsquedas, degustar, vivir sus propias experiencias y sacarle mayor gusto a la vida citadina…


 

Por: Gloria García Torres

Escritora, docente y gestora cultural.


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